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El Día de Florecer

Por: Luis Eslava Iparraguirre
Dentro de los acontecimientos de grata recordación para los cajabambinos, está EL DÍA DE FLORECER, que en el pretérito que pasó fue vivido y conmemorado pletóricamente en su momento.
Familias, grupos de amigos y amigas, sin faltar los enamorados, se organizaban previamente con suculentos y opíparos fiambres, variados licores y bebidas, guitarras y cantores, toca discos; y la gente campesina no podía prescindir de la caja y de la flauta en sus propios medios.
El 1º de mayo salían muy temprano con diferentes direcciones, llegados a su meta con la luminosidad del día, se rodaban sobre el verde césped cuajado de perlas de rocío, en medio de la sinfonía de las cigarras desde los bosques umbríos, los arpegios de llucros y zorzales y los coros de pajaritos y jilgueros por entre las aguas cristalinas y juguetonas de acequias. La campiña es muy alegre, con multiplicidad de flores de colores variados.
Los participantes en la “florecida”, vestían de flores la cruz de algún calvario en la colina, los enamorados paseaban y, del alfombrado césped, arrancaban una margarita color rojo y plata; la dama buscaba la voz del sortilegio al ir mutilándole a la flor sus pétalos y diciendo: “me quiere, no me quiere; mucho, poquito, nada; si me quiere... El último pétalo, daba la expresión en este coloquio de amor”.
Todos comían gregariamente y en torno a la cruz, bailaban entre incesantes brindis de licor, irguiéndose en ellos una sistemática algarabía; allá lejos, libaban chicha de jora y el cajero era incansable en dar golpes y más golpes con la guaytana al pergancho de su caja, en armonía con su flauta y aquí ahora los cantores con su guitarra:

En el campo hay una flor (bis)
que se llama cardosanto (bis)
etc, etc, etc...