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Cajabamba, tierra paradisíaca que posee matices muy genuinos expresados vivamente en sus paisajes; acentuándose las mismas en las alboradas, en los ocasos, en las estaciones del año, en las noches argentadas por plenilunios, claveteadas de estrellas titilantes en el firmamento; en otros casos, copiosas lluvias que amanecen con su onomatopeya sinfonía, peinando los vestuosos tejados y los humildes techos de paja de las chocitas campestres, para luego entrar en calma, dejando a los conciertos corales de avecillas alegres y traviesas que arpegian sus trinos primorosos desde las copas de los árboles, desde los matorrales, o desde las pircas exhornadas por espinosas pencas, desde donde se levantan serpenteantes magueyes pensativos. Este lindo lar nativo, por la diversidad de sus paisajes, sirve de inspiración para pintores, escritores, poetas y músicos.
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